Todo comenzó con un número, como siempre sucede. La cifra oficial de inflación que se dio a conocer el lunes 5 de febrero pasado en el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reflejaba un tímido 1,1 por ciento correspondiente a enero de 2007, mientras que la realidad hablaba con claridad —y más números— del doble de crecimiento del índice de precios al consumidor.
Entre la intención del gobierno del presidente Néstor Kirchner y la contundencia de los datos que a diario se encargan de recabar y procesar los técnicos de economía hubo, por lo menos, una notoria diferencia de apreciación. No se trató de variables rebeldes, percepciones dispares o de la identificación de alguna situación nacional actual que pudiera devenir en crisis. Lo que hay detrás de este notorio debilitamiento institucional organizado es un grupo político que no desea números molestos ni personas que piensen diferente a la voz patagónica. Y los deseos en las más altas esferas del poder, son órdenes entre los trabajadores que necesitan sus únicas fuentes laborales...
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